16 De Septiembre – Andrés Quintana Roo

Renueva, ¡oh musa!, el victorioso aliento  Con que, fiel de la Patria al amor santo,  El fin glorioso de su acerbo llanto  Audaz predije en inspirado acento:  Cuando más orgulloso  Y mentidos triunfos más ufano,  El ibero sañoso  Tanto, ¡ay!, en la opresión cargó la mano  Que el Anahuac vencido  Contó por siempre a su coyunda uncido.

“Al miserable esclavo (cruel decía)  Que independencia ciego apellidando,  De rebelión el pabellón nefando  Alzó una vez en algazara impía,  De nuevo en las cadenas  Con más vigor a su cerviz atadas,  Aumentemos las penas  Que a su última progenie prolongadas  En digno cautiverio  Por siglos aseguren nuestro imperio”.

“¿Qué sirvió en los Dolores, vil cortijo,  Que el aleve pastor el grito diera  De libertad, que dócil repitiera  La insana chusma con afán prolijo?  Su valor inexperto,  Su sacrílega audacia estimulada,  A nuestra vista yerto  En el campo quedó, y escarmentado  Su criminal caudillo  Rindió ya el cuello al vengador cuchillo”.

“Cual al romper las pléyades lluviosas  El seno de las nubes encendidas,  Del mar las olas antes adormidas  Súbito el austro altera tempestuosas;  De la caterva osada  Así los restos nuestra voz espanta,  Que resuena indignada  Y recuerda, si altiva se levanta,  El respeto profundo  Que inspiró de Vespucio el rico mundo”.

“¡Ay del que hoy más los sediciosos labios  De libertad al nombre lisonjero  Abriese, pretextando novelero  Mentidos males, fútiles agravios!  Del cadalso oprobioso  Veloz descenderá a la tumba fría,  Y ejemplo provechoso  Al rebelde será, que en su profía  Desconociere el yugo  Que al invicto español echarle plugo”.

Así los hijos de Vandalia ruda  Fieros clamaron cuando el héroe augusto  Credió de la fortuna al golpe injusto;  Y el brazo fuerte que la empresa escuda,  Faltando a sus compeones,  Del terror y la muerte precedidos,  Feroces escuadrones  Talan impunes campos florecidos,  Y al desierto sombrío  Consagran de la paz el nombre pío.

No será empero que el benigno cielo,  Cómplice fácil de opresión sagrienta,  Niegue a la Patria en tal cruel tormenta  Una tierna mirada de consuelo.  Ante el trono clemente  Sin cesar sube el encendido ruego,  El quejido doliente  De aquel prelado que inflamado en fuego  De caridad divina,  La América indefensa patrocina.

“Padre amoroso, dice, que a tu hechura  Como el don más sublime concediste  La noble libertad con que quisiste  De tu gloria ensalzarla hasta la altura,  ¿No ves a un orbe entero  Gemir, privado de excelencia tanta,  Bajo el dominio fiero  Del execrable pueblo que decanta,  Asesinando al hombre,  Dar honor a tu excelso y dulce hombre?”

“¡Cuánto, ay, en su maldad ya se gozara,  Cuando por permisión inescrutable  De tu justo decreto y adorable,  De sangre en la conquista se bañara  Sacrílego arbolando  La enseña de tu cruz en buria impía,  Cuando más profanando  Su religión con negra hipocresía,  Para gloria del cielo  Cubrió de excesos el indiano suelo!”

“De entonces su poder, ¡cómo ha pesado  Sobre el inerme pueblo! ¡Qué de horrores  Creciendo siempre en crimenes mayores,  El primero a tu vista han aumentado!  La astucia seductora  En auxilio han unido a su violencia;  Moral corrompedora  Predican con su bárbara insolencia,  Y por divinas leyes  Proclaman los caprichos de sus reyes”.

“Allí se ve con asombroso espanto  Cual traición castigado el patriotismo,  En delito erigido el heroísmo  Que al hombre eleva y engrandece tanto.  ¿Que más? En duda horrenda  Se consulta el oráculo sagrado  Por saber si la prenda  De la razón al indio se ha otorgado,  Y mientras Roma calla,  Entre las bestias confundido se halla”.

“¿Y qué cuando llegado se creía  De redención el suspirado instante,  Permites, justo Dios, que ufana cante  Nuevos triunfos la odiosa tiranía?  El adalid primero,  El generoso Hidalgo, ha perecido;  El término postrero  Ver no le fue de la obra concedido;  Mas otros compeones  Suscita que rediman las naciones”.

Dijo, y Morelos siente enardecido  El noble pecho en belicoso aliento  La victoria en su Enseña toma asiento  Y su ejemplo de mil se ve seguido.  La sangre difundida  De los héroes su número recrece  Como tal vez herida  De la segur la encina reverdece  Y más vigor recibe,  Y con más pompa y más verdor revive.

Mas ¿quién de la alabanza el premio digno  Con títulos supremos arrebata,  Y el laurel más glorioso a su sien ata,  Guerrero invicto, vencedor benigno?  El que en Iguala dijo: “¡Libre la patria sea!”, y fuelo luego  Que el estrago prolijo  Atajó y de la guerra el voraz fuego,  Y con dulce clemencia  En el trono asentó la Independencia.

¡Himnos sin fin a su indeleble gloria!  Honor eterno a los varones claros  Que el camino supieron prepararos,  ¡Oh Iturbide inmortal!, a la victoria.  Su nombres antes fueron  Cubiertos de luz pura, esplendorosa,  Mas nuestros ojos vieron  Brillar el tuyo como en noche hermosa  Entre estrellas sin cuento  A la luna del alto firmamento.

¡Sombras ilustres, que con cruento riego  De libertad la planta fecundasteis,  Y sus frutos dulcísimos legasteis  Al suelo patrio, ardiente en sacro fuego!  Recibid hoy benignas,  De su fiel gratitud prendas sinceras  En alabanzas dignas,  Más que el mármol y el bronce duraderas,  Con que vuestra memoria  Coloca en el alcázar de la gloria.